El ticket del parking, la factura, la pizarra de una reunión. Google Fotos sube tu carrete entero o no sube nada. Snapgate mete un portero en medio.
Android 11 o superior · Pago único, sin suscripción
La copia de seguridad de Google Fotos solo tiene dos estados: encendida para toda una carpeta, o apagada. No hay término medio, y por eso tu almacenamiento se llena de cosas que fotografiaste para mirarlas diez minutos.
Hay dos maneras de que deje de llenarse: revisar el carrete cada cierto tiempo y borrar a mano —que nadie hace—, o decidir en el momento. Snapgate es lo segundo.
Todo ocurre en los segundos siguientes al disparo, mientras todavía te acuerdas de por qué hiciste esa foto.
Con tu cámara de siempre. Snapgate no sustituye nada ni se mete en medio.
En menos de medio segundo desde que el sistema registra la imagen, con la miniatura para que veas de qué estás decidiendo.
En la propia notificación. No hay que abrir la app ni confirmar nada más.
No se borra ni se sube: simplemente nunca llega a ocupar espacio en tu cuenta de Google.
Porque hay ratos en los que preguntar molesta más que ayuda.
«Durante ocho horas no subas nada.» «Estos cuatro días sube todo, estoy de viaje.» Caducan solos, para que no se te queden puestos.
Decide por franja horaria, día de la semana, carpeta o lugar. Las fotos del horario laboral no tienen por qué acabar en tu cuenta personal.
Manda lo que apruebes directamente a un álbum concreto de tu biblioteca, sin pasar por el carrete.
Una foto solo se ofrece durante sus primeros minutos. Si no contestas, se queda en el móvil y no vuelve a molestarte.
0,02 segundos de CPU por minuto en segundo plano, medido. Con la pantalla apagada no hace absolutamente nada.
Español, inglés, portugués, francés, alemán e italiano, incluidos los plurales que casi nadie traduce bien.
Snapgate no tiene servidores. No hay ningún sitio al que mandar tus fotos, porque no existe.
Cuando conectas tu cuenta de Google, la app pide un permiso concreto que solo le deja añadir fotos a tu biblioteca. No puede leerlas, no puede modificarlas y no puede borrar nada de lo que ya tienes. Esa limitación no es una promesa nuestra: la impone Google y la puedes revisar en la pantalla de consentimiento antes de aceptar.
La ubicación, si activas las reglas por lugar, se consulta en el momento de hacer la foto y no se guarda ni sale del dispositivo. No hay analítica, ni rastreadores, ni publicidad.
El único destino al que sale una foto es tu propia biblioteca, y solo cuando tú lo pides.
Sí, y es el único paso que ningún diseño puede evitar. Mientras esté encendida, Google Fotos sube tu carrete entero haga lo que haga Snapgate. Es un solo interruptor y el alta te guía hasta él.
No pasa nada. La foto se queda en tu móvil, no se sube, y después de unos minutos deja de preguntarte. Configurable, con cinco minutos por defecto.
Nunca. Descartar significa «no la subas»; la foto sigue en tu carrete exactamente igual que antes.
Porque Android solo avisa de una foto nueva a las apps que están en marcha. Es el precio de enterarse al momento en lugar de cada quince minutos. Puedes ocultarla desde los ajustes del sistema.
No. Se prueba catorce días y luego se desbloquea con un pago único.