Un día miré por qué se me había llenado el almacenamiento de Google y la respuesta me dio un poco de vergüenza. No eran vacaciones ni cumpleaños. Eran tickets de parking, facturas, la matrícula del coche en la planta 3 del aeropuerto, el wifi de un hotel, la talla de una camisa, la pizarra de una reunión que terminó hace año y medio.
Fotos que hice para mirarlas diez minutos y que llevan años pagando alquiler en mi cuenta.
La copia de seguridad de Google Fotos tiene exactamente dos estados: encendida para una carpeta entera, o apagada. No hay término medio. O sube todo tu carrete, o no sube nada y asumes el riesgo de perder las fotos que sí importan.
Como no hay matiz posible, la inmensa mayoría de la gente lo deja encendido y paga por almacenar basura. Es un diseño perfectamente razonable desde el punto de vista de Google, y perfectamente incómodo desde el mío.
La primera es revisar el carrete cada cierto tiempo y borrar a mano. En teoría funciona. En la práctica no lo hace nadie, porque es una tarea sin recompensa inmediata que siempre puede esperar a mañana.
La segunda es decidir en el momento. Cuando haces la foto del ticket, sabes perfectamente que no la quieres para siempre. Esa información existe justo en ese instante y se evapora treinta segundos después. Snapgate no es más que un intento de capturarla antes de que se pierda.
La primera versión preguntaba foto a foto con una notificación. Me pareció obvio. Luego hice seis fotos seguidas de un plato y recibí seis notificaciones, y entendí que el diseño obvio era el equivocado.
La versión que ha sobrevivido agrupa: un solo aviso que se reescribe, con dos botones dentro. Decides sin abrir nada, y si haces una ráfaga sigue siendo una sola interrupción. Es menos elegante de explicar y mucho mejor de usar.
Conviene ser honesto: esta app evita que se llene tu nube, no tu móvil. La foto del ticket que descartas sigue ocupando tres megas en el teléfono. Hubo un momento en el que pensé en añadir caducidad —que las fotos marcadas desaparecieran solas a los siete días— y lo dejé fuera a propósito.
Borrar es irreversible a ojos del usuario, aunque técnicamente sea la papelera. Si una app se equivoca una sola vez y desaparece una foto que importaba, la desinstalas para siempre y con razón. Prefiero una app que haga menos y en la que puedas confiar del todo.